Dogma (1999)

Hay muy buenas razones por las que me gustan las películas de bajo presupuesto, pero básicamente las voy a reducir a una: o te sale una maravilla, o una auténtica mierda. Como ejemplos de lo primero: Dogville (Lars Von Trier, 2003) o Cube (Vincenzo Natali, 1997. Por favor, obviad la segunda y tercera partes, malas hasta perder el sentido). Ejemplos de lo segundo hay cientos de miles de millones y no me voy a poner extensiva. Curiosamente, entre las reglas comunes de las películas de bajo presupuesto están la ausencia de escenarios o desviar la atención del espectador haciendo que lo importante de una escena suceda fuera de plano (es imposible olvidar al Señor Rubio torturando a un policía mientras suena de fondo “Stuck in the Middle with you”, de Stealers Wheel, en Reservoir Dogs). La ausencia de dinero obliga a director, guionistas y demás equipo de producción a estrujarse un poco las neuronas y conseguir resultados que, a ser posible, no resulten cutres y cantosos.

Dogma

Dogma es una película de bajo presupuesto. En eso no hay duda. Tómese como ejemplo la lucha contra el Gólgota que es, por otra parte, una lucha que no existe porque a) Sucede fuera de plano y b) se resuelve al más puro estilo Indiana Jones con problemas estomacales. Y se resuelve de esta forma porque a) No había demasiado dinero y b) a Kevin Smith le apasiona insertar todo tipo de referencias a sus mitos particulares, ya sea en forma de camisetas de HellBoy, o emulando al mismísimo Harrison Ford con la famosa frase “No tenía billete” de la escena del Zeppelin en Indiana Jones y la última cruzada. Así, tomando prestado un poquito de aquí, otro de allá, esto-no-es-plagio-es-un-homenaje, se va conformando el universo View Askew de Smith, su pequeño mundo particular donde tienen lugar casi todas sus películas y que tiene a New Jersey como centro estratégico de operaciones.

Y en el centro de este universo está una de mis parejas favoritas de la historia del cine –va en serio–: Jay y Bob el silencioso, un par de seres no necesariamente humanos, fumados la mayor parte del tiempo, bastante salidos ambos, aunque sólo Jay lo manifieste abiertamente, y que sin embargo no parecen disfrutar de grandes oportunidades de mojar. No me extraña.

Pero como casi siempre, ellos no son los protagonistas de esta historia. Aquí tenemos a dos ángeles de la vieja escuela: Bartleby (Ben Afflec), un observador al que le gusta tener razón pero dejar que otros trabajen por él, y Loki (Matt Damon) un ángel exterminador con poca capacidad de iniciativa. Ambos fueron expulsados por Dios del cielo y desterrados a Wisconsin, pero han dado con la oportunidad de regresar al cielo por medio de una treta Católica llamada indulgencia plenaria. Pero claro, eso demostraría que Dios es falible y puede equivocarse y, como todos sabemos, Dios no se equivoca nunca, así que se pone en marcha una operación de desmantelamiento de la operación inicial liderada por Bethany, la última descendiente de Cristo, una católica que trabaja en una clínica abortista, Rufus, un apóstol negro, Serendipity, una musa stripper y nuestra pareja de profetas, Jay y Bob el silencioso.

Esta no es vuestra película si sois fervientes católicos. En ese caso, puede que os sintáis un poco ofendidos. Lo de un poco es un eufemismo. Pero si lo que queréis es disfrutar con todos los zasca que abofetean a la Iglesia Católica a lo largo de un metraje de poco más de dos horas, estáis de suerte: Dios es una mujer, Jesús era negro, nadie sabe quién demonios ángeles era el Metatrón y las personas vamos por la vida creyendo que lo hacemos todo bien, pero en realidad no tenemos ni idea.

La película parece que la han grabado un grupo de colegas un fin de semana para pasar el rato. Vale, a lo mejor fue exactamente así. Hay unas cortinillas del siglo pasado separando planos, los actores actúan fatal – hasta Alan Rickman, qué vergüenza– y los efectos especiales no tienen nada de especiales. Pero hay un ambiente de amigismo muy agradable y se dejan caer unas cuantas cuestiones profundas de narices, aunque no te des cuenta porque estás intentando entender qué dice Jay con su inglés de Jersey hiper acelerado por los porros y sembrado de insultos que no te enseñan en la academia. La única frase de Bob –léase cuatro párrafos más arriba– se entiende perfectamente. ¡Qué cosas!

Para terminar, el punto negativo a la película: se meten con los ornitorrincos, con lo bonitos, vistosos e hipnóticos que son. ¡Cómo se atreve, señor Smith!

Un ornitorrinco ofendido al ver Dogma

Un ornitorrinco ofendido al ver Dogma. Se le nota en la cara, no digáis que no.

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