Gala de los Oscars 2016

Se acabó lo que se daba. Se cierra una etapa e inauguramos la siguiente. Como a estas alturas ya sabréis todos quienes son los ganadores –y si no, podéis verlos aquí–, me limito a mis observaciones de la gala, que pude seguir en directo:

  • El efecto mamá: Leonardo DiCaprio fue, por supuesto, con su madre. Chris Evans fue también con su madre. Bradley Cooper este año no fue, pero seguro que de ir, hubiera ido con su madre. Una madre es una madre, yo lo entiendo pero, ¿iríais a la fiesta fin de curso con vuestras madres? Pues eso.
  • El efecto #OscarsSoWhite. La academia tenía dos opciones: pasar de largo o entrar de lleno. Pues nada, a saco. Aprovechando que Chris Rock es negro, todas sus intervenciones giraron en torno al racismo. ¿No querías azúcar? Pues taza y media. Al final un poco cansino pero le dieron cancha y estuvo muy, muy ácido e incluso le dejaron soltar un par de burradas. En una gala donde absolutamente todo está controlado al milímetro, bien. Mucho mejor que Neil el año pasado. Eso sí, en el vídeo de apertura ni un asiático ni un hispano. ¿Deberían enfadarse también? Ha sido la gala con mayor presencia negra entre los presentadores, en un intento por arreglar un poco las cosas –no sé yo si poner a los negros a “servir” los Oscars arregla algo, pero bueno– y, sin ir más lejos, Morgan Freeman se encargó de entregar el Óscar a la mejor película. Entre las perlas que soltó Rock, hablando de que esta situación se viene repitiendo desde hace más de cincuenta años, vino a decir “en los años setenta quemaban y linchaban a los negros, así que teníamos cosas más importantes por las que preocuparnos que si nos nominaban o no”. También fue magnífico el vídeo en el que entrevistaba a gente negra, preguntándoles sobre las preguntas nominadas y ninguno las conocía, pero en cuanto hablaba de películas protagonizadas por negros, se las sabían todas. ¿Son los negros racistas? Ahí lo dejó caer.
  • Más gente que estuvo genial: las intervenciones de Sarah Silverman, insinuando que Bond tiene problemas sexuales importantes y de ahí que ninguna mujer repita, y también la de Ali G.
  • Uno de los momentos más feos de la gala: que los invitados no aplaudieran al paso de Beaven cuando recogió el premio al mejor vestuario. Una chupa de cuero con calavera a la espalda tal vez no sea el atuendo más adecuado pero se supone –seguro que soy una ilusa– que está ahí por su trabajo, no por su aspecto. Fue una falta de respeto absoluta. Además, no creo que a Beaven, como sucede con muchas de las nomidadas e invitadas de alto rango, le ofrezcan ropa, maquillaje y joyas gratis. Si algunas se preocuparan menos por su aspecto y más por su trabajo, sus reivindicaciones por la igualdad de género tal vez fueran más efectivas. Por cierto, una de las personas del equipo de sonido de Mad Max tenía el pelo azul. Queda confirmado: para esta película escogieron al equipo por el aspecto 😉
  • Compensemos con un aspecto positivo: este año los agradecimientos se ponían a pie de pantalla mientras el ganador llegaba al escenario. Nos hemos librado de infinitos listados de gente a quien no conocemos de nada, y los ganadores probablemente se hayan librado de una bronca mayúscula por haberse olvidado de alguien.
  • La orquesta tocó durante toda la gala piezas de canciones ganadoras a lo largo de la historia de los Oscars. Y nosotros coreándolas mientras las escuchábamos.
  • Momento efectos especiales: cuando se anunciaron las nominadas, me enteré de que, a Matt Damon, le habían puesto la barba en The Martian por ordenador. ¿En serio? Abusamos de los efectos por ordenador, está claro y, en la mayoría de los casos son los que peor envejecen y más dan el cante al cabo de un par de años.
  • Jacob Tremblay, pequeño gran actor en The Room: maravilloso que no se inmute cuando pasan a su lado actores y directores tan reputados, pero luego se ponga histérico y dé saltitos en el asiento cuando ve salir a R2D2 y C3PO al escenario (llevaba calcetines de Star Wars). No sé cuánto le durará la ilusión, pero espero que todavía unos cuantos años. También fue estupendo cuando dijo que Chris Rock se parecía a una cebra.
  • El peinado de The Weeknd, que interpretó una de las canciones nominadas. Si puedes llevar eso en la cabeza, no tienes problemas de autoestima. Por cierto, ganó Writings on the wall, de Spectre, una canción que a mi me parece un horror absoluto. Sam Smith, por supuesto, soltó gallo tras gallo en la actuación en directo. La verdad, debería haber ganado Lady Gaga. Su interpretación fue poderosa, enérgica y no le tembló la voz lo más mínimo.
  • Kate Winslet, como Patricia Arquette, ven fatal y necesitan gafas para leer el guión. Alguien debería haberle dicho a Kate que las llevaba torcidas. Que no ganara el Óscar a mejor actriz de reparto fue mi primer fallo de la quiniela y lo sentí un montón.
  • Alegrones que me llevé: que Mark Rylance ganara a mejor actor de reparto. Lo siento por Mark Ruffalo, que tenía cara de feliz continua, pero ya le llegará su turno, no tengo ninguna duda. Además, tuvo el detalle de ir primero a buscar a Steven Spielberg, que estaba sentado unas diez filas más atrás, para abrazarle.
  • La gran alegría de la noche: el Óscar a Ennio Morricone. Nos pusimos todos a gritar y dar saltos. Merecidísimo. Lo primero que hizo fue abrazar a John Williams, sentado a su lado, además de alabar el trabajo de todos los nominados. La verdad, creo que The hateful eight debería haber tenido más nominaciones, en especial después de haber visto las tres últimas candidatas a mejor película. Lo de Morricone es una compensación a la película y, por supuesto, a toda su carrera, pero insuficiente.
  • Iñárritu: mi segundo fallo de la noche. Hubiera preferido que ganara cualquier otro. Me cae gordo. La gala acabó un minuto más tarde porque se pasó por el forro el tiempo del discurso. Lo de la musiquita avisando no va con él. Por cierto, no habla en castellano nunca. Ni una palabra. El año pasado sí dejó caer un par de palabras cuando recogió el segundo Óscar.
  • Leonardo DiCaprio: Estaba cantado y así fue. Leonardo recogió un Óscar compensatorio por un papel que no es lo mejor que ha hecho. Después de oir su discurso, ¿no os sentís  todos fatal? Aquí el chico tenía preparada una arenga importantísima sobre la gravedad del cambio climático en el planeta y no se la hemos dejado soltar hasta la quinta ocasión. Muy mal por nuestra parte. Por otro lado, tuvo un momento un poco feo: cuando subió al escenario, fue disparado a coger el óscar de manos de la asistente y pasó de saludar a Julianne Moore. Que ya sabemos que había muchas ganas, pero hay que demostrar un poco más de clase. Kate Winslet lloraba, no sabemos si de alegría por DiCaprio o de preocupación por lo del aumento de la temperatura mundial.
  • EL ALEGRÓN: así, con mayúsculas. Spotlight fue la vencedora de la noche. Mi favorita de entre las ocho candidatas. Cuando todo el mundo daba por sentado que sería el cascarón vacío, The Revenant, la ganadora, la Academia demostró que aún tiene algo de criterio y puede sorprendernos.

Y eso es todo.

Yo acerté 13 de 15 en la quiniela y casi me llevo un premio, aguanté toda noche con tan sólo dos coca colas, comí patatas, palomitas, brownie y un montón de porquerías más que me pasarán factura y me lo pasé como una enana.

El año que viene, más y, sobre todo, esperemos que mejor.

 

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