Red Army (2014)

¡Bienvenidos, camaradas! Esta semana voy a retomar los documentales. No pongáis cara de ¡qué aburrimiento!, que os veo venir y no podríais estar más equivocados. Tengo algunos apuntados en cola para ser visionados y los iré dejando caer por aquí gota a gota, tampoco quiero saturar. El de hoy es una recomendación estupenda de Molinos, que me habló de él hace muuuuchos meses, así que: ¡Gracias, Ana!

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Documental que narra los destinos cruzados de la Unión Soviética y del equipo de hockey sobre hielo conocido como “El ejército rojo”: una dinastía única en la historia del deporte. El ex-capitán del equipo, Slava Fetisov, evoca su trayectoria fuera de lo común: primero adulado como un héroe nacional y luego condenado como enemigo político. Ese “Ejército rojo” es uno de los protagonistas de la historia social, cultural y política de su país: al igual que la URSS, pasa por una época de grandeza y luego llega la decadencia, y finalmente los cambios que trae la Rusia contemporánea. “Red Army”, presentado por Werner Herzog y el productor Jerry Weintraub, cuenta la extraordinaria historia de la Guerra fría sobre el hielo y la vida de un hombre que se atrevió a enfrentarse al sistema soviético.

Nunca ochenta y cinco minutos dieron para tanto, os lo advierto. Si cuando encaras Red Army no sabes bien qué te vas a encontrar, cuando lo terminas te das cuenta de que ha tocado tantos temas políticos, económicos, deportivos y sociales que necesitarías volúmenes y volúmenes de la enciclopedia Espasa —o páginas y páginas de Wikipedia, por no ir de antiguo— para profundizar en todas las materias.

El documental se estructura a través de la evolución de un equipo de hockey sobre hielo, ese deporte del que no sé casi nada y donde siempre acaba gente estampada contra las protecciones de los laterales, y, más concretamente, a través de la vida de Slava Fetisov —ojo, que todos los jugadores tienen apellidos que acaban en -ov, que supongo es el equivalente al -ez español, pero en exagerado—, defensa y ex-capitán del equipo conocido como La armada roja. Un señor de lo más peculiar, por cierto, con una extraordinaria capacidad para levantar el dedo corazón cuando considera que el entrevistador no está siendo amable.

Eso. Hablemos del entrevistador porque, aunque no se le ve, da mucha lástima. He ahí un americano enfrentado al problema de tener que plantear cuestiones “molestas” a un montón de ex-deportistas rusos. Ahá. Primer punto fuerte del documental: el contraste entre la mentalidad soviética y la americana no es fachada, es muy real. Hay momentos en los que se me escapa si los rusos se están cachondeando del presentador, si están buscando la forma de escaquearse de las preguntas o si, de verdad, no comprenden el alcance de las mismas, como cuando le preguntan a Fetisov sobre la importancia del fin de la Guerra Fría en el equipo y él responde: ¿Qué quieres decir con Guerra Fría? No es ya un problema de lenguaje, ni tan siquiera —aunque influye una barbaridad— una cuestión de choque entre el modelo capitalista y el comunista; va mucho más allá: la forma en que los rusos han sido “adoctrinados” para respetar su patria es brutal. No importa que sean conscientes de que muchas de las decisiones que toman los mandos van en contra de sus intereses personales: se aceptan y se respetan, al menos de cara a la galería. Sí, los estadounidenses también están orgullosísimos de su país, pero no muestran reparos en quejarse, en intentar cambiar lo que no funciona, en denunciar corrupciones y demás. Y desde mi mentalidad, más cercana a la americana, hay respuestas que me cortan los circuitos de la lógica.

Luego tenemos la eterna combinación deporte-política, que está presente en todos los países.  Puede que no siempre sea el hockey, pero pongamos por caso el fútbol, el baloncesto o la gimnasia rítmica, lo mismo da. Muy triste pero muy real es darse cuenta de que el deporte es una herramienta más al servicio de los políticos para demostrar la superioridad de un país. ¿En qué se manifiesta eso? Pues en que tenemos aquí un grupo de hombres encerrados —sí, encerrados, lo más parecido a una prisión que os podáis imaginar— once meses al año, sometidos a unos entrenamientos que parecen más una tortura que otra cosa, aislados del contacto con sus familias y amigos y que cargan sobre sus hombros con la obligación de ganar siempre para demostrar que la Gran URSS es lo mejor de lo mejor. Desfilan por la pantalla hombres agotados, emocional y físicamente agotados, sometidos a una presión desmedida. ¿Y qué pasaría si nos negáramos a jugar?, dice uno. ¿Y si no ganásemos?, dice otro.

La respuesta a la primera pregunta la sufrió el propio Fetisov cuando su entrenador, un Sr. Burns en todos los aspectos, se negó a dejarle ir a jugar a la liga NHL de los Estados Unidos después de habérselo prometido: aislamiento social absoluto, imposibilidad de entrenar en ningún estadio de Rusia, retirada del pasaporte e incluso palizas físicas. Ahí es nada. Como para negarse a ser disciplinado.

La respuesta a la segunda es más compleja. Por un lado, el documental lo plantea como el principio del fin de la Guerra Fría. O, más bien, como dos eventos que coinciden en el tiempo por causas diferentes y al mismo tiempo iguales: fracaso del modelo económico (o del método de entrenamiento), corrupción en las altas esferas y agotamiento y hastío de la población (de los jugadores). La mala situación de liquidez por la que pasa el país le lleva a liberar a sus estrellas para que jueguen en equipos americanos. Liberar o más bien vender, porque les llegan a retener hasta un noventa por cierto del sueldo, que están obligados a entregar en la embajada rusa.

A pesar de lo que cuento, la imagen que se ofrece de la URSS no es necesariamente mala: chocante, extraña o dura, sí, pero no negativa en extremo.

El montaje, a base de fotografías, vídeos y fragmentos intercalados de entrevistas a varios deportistas, entrenadores y hasta a un ex-jefe del KGB (la escena con su nieta de una delicia), es estupendo, con mucha música de armada rusa, con imágenes de explosiones en los créditos iniciales y con algunos toques de humor muy bien traídos que reafirman ese contraste del que hablaba antes.

Como he dicho, me parece un planteamiento muy interesante, que va mucho más lejos de lo meramente deportivo y que os recomiendo.

El documental lo tenéis disponible en plataformas como Netflix y también lo podéis conseguir aquí:

red army, amazon, dvdComo véis, cuando me recomendáis cosas yo me las apunto. Igual tardo años en verlas, pero antes o después seguro que caen, así que es vuestro turno: ¿Algún documental interesante que hayáis visto y os apetezca recomendar? ¿Y qué hay de Red Army? ¿Lo habéis visto? ¿Coincidís conmigo?

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