Lucy (2014)

Cada vez que veo el nombre de Scarlett Johansson en pantalla, me acuerdo de esta entrada en el blog de Molinos. No puedo evitarlo. Mira que a Molinos le tengo aprecio, pero en este caso estoy totalmente del lado de sus amigos cuarentones. ¿Scarlett o Charlize? ¿Qué tip de pregunta es esa? Denme a Scarlett, por favor. A todas horas.

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Lucy, una joven obligada a ejercer de mula de una nueva y potente droga, adquiere de repente enormes poderes sobrenaturales cuando la bolsa de la droga se rompe y los narcóticos entran en contacto con su cuerpo. Entonces, su cerebro comienza a aumentar la capacidad de uso hasta poder ser utilizado al 100%, convirtiéndose en una máquina letal con habilidades extraordinarias.

Y es que Scarlett tiene un don para seleccionar proyectos de “una de cal, una de arena”, “uno para ti, uno para mi”, “una peli para forrarme, una raruna para sentirme realizada”. Eso es así. Por este blog han pasado ya, como ejemplo de lo primero: Los vengadores: La era de ultrón o Lost in translation —con esta tengo más dudas: ¿primer grupo o segundo?—. En el segundo bloque lo tengo clarísimo: Under the skin.

Que Johansson se junte con Luc Besson es como juntar el hambre con las ganas de comer. Porque el escritor y director tiene una lista de productos, algunos de ellos incalificables, que rozan siempre lo extraño o lo fantástico, cuando no se sumergen de cabeza. Pero, mira, a mí El quinto elemento me encanta, es de esas películas sin demasiadas pretensiones que puedo ver mil veces. Y no, no es por Mila Jovovich —y mira que tiene unos ojos y una piel de marfil que quitan la respiración. Pero donde esté Johansson…–.Más o menos me pasa lo mismo con Taxi Express. La francesa, se entiende, no el remake estadounidense que ni me he molestado en ver. Pero esta no es fantástica. Me estoy desviando.

Muy irónico eso de que la protagonista se llame Lucy. Podría quedar como una anécdota, pero como hay quien asume que la gente es un poco corta o muy perezosa para usar la Wikipedia, pues lo explican. Si vosotros también sois perezosos, la razón aquí.

Pues la chica esta, que nadie sabemos bien de dónde sale, porque Besson pasa de explicarse, que la película tiene noventa minutos justos, la chica esta, decía, le hace un favor al último noviete malo —qué tendrán los chicos malos, qué tendrán—. Quien dice favor, dice que la han obligado a punta de pistola, claro. Lo de los noventa minutos tiene su aquel, porque incluyen doscientos planos de animales y demás imágenes de la naturaleza y el espacio que espero no le hayan costado mucho en derechos pero le habrán ahorrado una pasta de metraje.

Total, que por cosas del azar, acaba con una bolsa de cristales de una droga potentísima —ojo, cristales, no polvo como dice ella, que no sé si es cosa del guión original o del doblaje— que, como no podía ser de otra forma, revienta y libera la sustancia en su estómago. Y ahí que la chica empieza a manifestar un potencial mental impresionante, lo que hace que se ponga en contacto con Morgan Freeman, un científico especializado en teorizar sobre el cerebro humano.

Lucy es un cruce entre una película de superhéroes con un planteamiento interesante  o una novela de ciencia ficción. En todo caso, falla, ya os lo voy diciendo. Un problema de las películas de ciencia ficción es que hace falta una justificación creíble y entendible para el espectador. Tal vez entendible sea demasiado decir, pero al menos quiero creer que la he entendido. Como Interestelar, vamos. Y aquí el tema de la droga tiene un algo de McGuffin que luego deriva en un interesante pero mal explicado análisis del uso del cerebro humano y de sus posibilidades. Para cuando entran a explicarlo, estamos ya a veinte minutos del final y claro, es un poco difícil entender por qué esto no sigue siendo una película de una tía quitándose mafiosos del camino con un simple batir de la palma de la mano.

Luego está Morgan Freeman, que no hace falta para nada, pero es un placer verle. Hasta doblado es un placer. Ya, si escuchas “la voz de dios” es la repera. Tiene un papel de lo más absurdo, más orientado a que el espectador se entere de lo que está pasando —recuerdo que el espectador estaba viendo a Scarlett repartir leches, pero hay que dejarle claro que la película es más profunda— que a ayudar a Lucy, que en una hora de vuelo asimila todos y cada uno de los estudios del doctor. Pero Morgan Freeman mola. Por mí, como si solo se pasea cruzando la pantalla de uno a otro lado

Vamos, que Besson podría haberse quedado con el enfoque super poderes y habría salido una película decentilla, pero decidió derivar hacia otra cosa —”chapapote new age” le llama Roger Salvans en Fotogramas, qué derroche de creatividad lingüística— y se queda un poco a medias.

Para pasar un ratito entretenido, pues bien.

Voy a ir cerrando con algo que no sabía que existía pero que, ahora que lo sé, estoy dispuesto a que me destroce cada una de las películas que me encantan: la sección de gazapos de IMDB en la que usuarios tiquismiquis apuntan todo lo que está mal: fallos de vocabulario, de raccord, de guión… ¿a quién no le gusta mirar los defectos de los demás en lugar de fijarse en los propios? Pues eso. Aquí la selección de Lucy. Conste que yo no me suelo dar cuenta de la mayoría, porque vivo con ilusión ciega lo de ver películas, pero alguno ya había notado, ya.

¿Habéis visto Lucy? ¿Qué opináis de la disyuntiva Johansson-Theron? ¿En qué grupo incluiríais Lost in translation? Como siempre, los comentarios están a vuestra disposición. 

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