Only the dead (2015)

No tengo muy claro qué me llevó a añadir este documental en la lista de “futuribles”. ¿Me lo recomendó alguien? —si fuiste tú, perdóname, ando entre despiste y despiste y me recomiendan muchísimas cosas a diario— O, lo más seguro: ¿Pensé que era una película de zombies y me dije “la dejo por ahí para pasar un rato agradable”?

A veces tengo mucha suerte. O no. Según se mire.

only the dead, documental, acabo de salir del cine, poster

Una historia de guerra como ninguna jamás se ha visto. Una historia de lo que sucede cuando un hombre ordinario, corresponsal de guerra de la revista Time, Michael Ware, se entromete en la historia.

No he encontrado información de este documental en castellano, más allá de la ficha en Filmaffinity. Nada. Se me plantea la duda de si se llegó a estrenar en España. No me sonaba en absoluto. Google, ese dios todopoderoso, no encuentra entradas útiles (páginas de descarga gratis, eso sí). En inglés tampoco abundan las referencias, no os penséis. Conclusión: esta va a ser una de mis entradas menos exitosas en lo que a visitas toca. ¿Por qué pierdo entonces un ratito valiosísimo de tiempo?

Porque tenéis que ver este documental. Sí o sí.

Michael Ware es un periodista australiano que fue enviado como corresponsal a Timor Oriental en 2000; y en 2001 se desplazó a Afganistán para cubrir la investigación de los Estados Unidos sobre Al-Qaeda. En 2003, con el comienzo de los preparativos para la invasión de Iraq, se reubicó en la zona de Kurdistan. En Iraq pasó siete años, retratando su visión personal de lo que estaba sucediendo, ofreciendo sus crónicas desde los puntos bélicos más calientes, muchas veces acompañando a los insurgentes y siendo testigo de sus asesinatos en primera persona.

De su experiencia sacó cientos de horas de grabaciones que ha utilizado para montar este pequeño —en extensión, no llega a ochenta minutos— documental. Una experiencia que, narrada con la voz en off y en primera persona, en un tono bastante neutro, eso sí, nos acerca a su perspectiva y a la situación que vive Iraq durante esos siete años. Es, no se puede negar, una visión parcial que en algún momento cae en la manipulación —la intencionada morbidez de la escena final es apabullante como poco, ofensiva incluso—. Pero también es un testimonio alejado de algunas de las informaciones que se difundieron a través de los medios de comunicación en su momento, en especial de los estadounidenses, que daban por ganada la batalla cuando en realidad no era así.

Para ver Only the dead hay que tener un estómago muy, muy fuerte: no parece haber límites en la crueldad y sadismo humanos, y se muestran sin filtros ejecuciones, decapitaciones, cuerpos ensangrentados arrastrados… Una sensación a la par agridulce y dubitativa: ¿Es así de verdad una guerra? Porque no se parece mucho a lo que vemos a las películas, señal de que estamos insensibilizados ante ciertas imágenes. Aún así, no puedes escapar de esa sensación de horror creciente, de la impresión de que no hay peor ser vivo sobre la tierra que el ser humano, capaz de casi cualquier cosa.

El documental pone sobre la mesa algunas cuestiones muy interesantes, aunque la narración no ayuda demasiado a desarrollarlas. Por un lado, el papel del periodista como observador al margen de la acción: Michael Ware no duda en apostarse en un punto en el que se cometerá un atentado contra un blindado militar norteamericano, o en acompañar a los rebeldes para asistir a la decapitación de siete contratistas. En ambas situaciones, sabe lo que va a suceder —en otras es arrastrado sin tener claro dónde va—. ¿Debería permanecer impertérrito? ¿Debería haber avisado a la OTAN de lo que estaba sucediendo? ¿En qué punto se debería dejar de lado la ética profesional en favor de salvar vidas humanas?

Por otro lado, asistimos a una deshumanización creciente de ciudadanos y militares. Un mortero cae a unos metros y la gente ríe sin preocupaciones; un hombre es ejecutado a tiros en medio de una de las calles principales de Bagdad mientras loa demás pasan a su lado sin inmutarse o, incluso, parándose a observar el espectáculo;  La escena final muestra un desprecio absoluto por la piedad y la empatía. Sin olvidar los ojos de los soldados americanos que,apostados en un hotel esperando sobrevivir oleada tras oleada, un ataque tras otros, están perdidos, alejados del presente, vacíos de expresión.

Las historias que nos cuentan los medios de comunicación, la visión parcial y personalizada de cada reportero, de cada publicación en función de su orientación política, dejan claro que hay un vacío abismal entre el día a día de un país sumergido en una profunda guerra civil y los fragmentos que nos llegan en el telediario.

Y asombra la capacidad de supervivencia de la mente. De reponerse, de continuar a pesar de la destrucción emocional que supone vivir en un entorno así durante siete años, de sonreír en las situaciones más bizarras, de ignorar las señales de alarma y adentrarse en zonas de tiroteo o bombardeo.

El montaje es muy clásico, oscuro y confuso a veces, en contraste con la nitidez que muestra a veces la ficción. Curiosamente, me ha recordado a las dos películas de Kate Bigelow, Zero dark city y En tierra hostil, que creo que tienen un enfoque más cercano a cómo se ve actuar al ejército estadounidense. También se acerca El francotirador, de Clint Eastwood.

En general, aunque el planteamiento dista mucho de ser brillante, es un documento imprescindible que no os dejará indiferentes.

Y vosotros, ¿habíais oído hablar de este documental? ¿Lo habéis visto? ¿Os ha gustado? Tenéis los comentarios a vuestra disposición. 

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