Comanchería (Hell or high water, 2016)

Pensaba yo que no iba a volver a asomarme por este diario de películas que escribo para que no se me olviden, pero mira por donde, ya estoy aquí. Con tres meses de retraso. Con los Óscars ya olvidados que me han pillado en pleno despiste y con la tristeza de casi no haber ido al cine en estas últimas semanas. Pero he visto películas. Malísimas. He visto casi todo lo relacionado con ciencia  ficción en Netflix. Me he dado cuenta de lo complicado que es hacer una buena película de género. Pero haberlas, haylas, como las meigas. Ya os contaré, ya.

Pero no adelantemos acontecimientos. Este va a ser un buen año, lo intuyo. Tengo dos reseñas más además de la hoy pendientes, y las tres son grandes películas. La de hoy es una maravilla. Es una joya. No os molestéis en leerme. Id a verla. Ya. Igual ya no está en cines. Pero sois gente lista, lo intuyo.

¿Seguís ahí? En fin, haced lo que queráis.

comanchería, acabo de salir del cine, hell or high water, poster

Un padre divorciado y su hermano, un ex presidiario recién salido de la cárcel, se dirigen al Oeste de Texas con el objetivo realizar una serie de robos en una serie de sucursales bancarias, con el fin de poder conseguir el dinero suficiente como para poder salvar la granja familiar.

Hablemos de una joya, que no abundan. Si todos los renacimientos de los géneros van a ser así, bienvenidos sean. En el caso de Comanchería —título que no me gusta nada en comparación con el original pero al menos, en lugar de inventarse cualquier cosa, han escogido una de las canciones de la banda sonora— hablamos del renacer del western. Pero, en lugar de una vuelta a lo mismo, esta vez se trata de mantener tan sólo el espíritu original pero adaptarlo a nuestros tiempos. ¿Cuál es la consecuencia? Que solo se ven un par de caballos en todo el metraje. Bueno, eso no es relevante, pero yo esperaba ver más caballos. Me gustan los caballos.

Una buena película —como un buen libro, como una buena canción— es la que muestra sin contar nada. Y así nos sumergimos en Comanchería: rutas por carretera en las que vemos maquinaria a la venta, rebajada varias veces, locales cerrados sin que nadie tenga esperanzas de lograr para ellos un nuevo dueño, industria parada y abandonada, descuartizada, donde se han llevado todo lo aprovechable y sólo quedan esqueletos de lo que fue una vez esa tierra prometida que ha sufrido varias reconversiones: de buscadores de oro a la agricultura, de ahí a la industria, la búsqueda de bolsas de gas o petróleo, y de ahí a la nada.

En ese momento es en el que nos encontramos: una sociedad donde los pobres son cada vez más pobres pero lo asumen con impotencia, aletargados, cansados incluso de luchar sin luchar, y donde sin embargo siguen apoyando con cierto orgullo patrio a quienes los oprimen, al sistema que, en cierto modo, no quieren cambiar porque es el suyo, el que tienen que defender. Lo que tienen no funciona pero, aún así, no quieren ver algo nuevo ni en pintura. Es doloroso, para quien lo sufre y también para el espectador que asiste al espectáculo de dos hermanos que han decidido que no hay más salida que cometer una serie de atracos sin que eso les afecte lo más mínimo. Es lo normal, lo que hay que hacer, la única salida que ven viable.

Y así, en Comanchería, el espectador está de acuerdo con ellos: no quiere en el fondo que el magnífico Jeff Bridges les atrape —un papelón, el del personaje que es bueno pero que se interpreta como malo, que tiene unos tintes racistas que no siente la necesidad de ocultar, un shérif que odiamos que nos mantiene engatusados—, quiere que triunfe la rebeldía, la acción, quieren que se coja al toro por los cuernos y se le sacuda con energía.

Pero en cada decisión las consecuencias se dejan notar. No hay posibilidad de acapararlo todo: si quieren triunfar y salvar la granja familiar, van a tener que renunciar a algo: a la moralidad, a la familia…

Comanchería es una película fiera en su serenidad, madura, que atrapa e hipnotiza y que no deberíais dejar de ver. Es una película donde la fuerza de los personajes supera con mucho la trama en sí, donde lo de menos es qué sucede sino por qué y a quién le sucede.

Si esto es el resurgimiento de un género, que se quede así.

Y a vosotros, ¿Qué os ha parecido esta revisión del clásico género del western? ¿Habéis disfrutado la película tanto como yo? ¿Qué pegas le ponéis en su carrera por los Óscars?

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