FANT 2017: Fant en corto

Me acabo de dar cuenta de que el año pasado yo no fui al FANT. Lástima, seguro. No entiendo bien por qué, si siempre se celebra en las mismas fechas, unos años voy a un montón de cosas —véase esta y esta entrada— y otros no asomo la nariz por allí. No dice mucho de mi estabilidad laboral, creo.

fant 2017, cartel

Al lío. Este año al menos me he desquitado y he podido ir a una de mis sesiones favoritas: la de cortometrajes internacionales. Ojo, porque tiene guasa el tema: además de los de otros países, también entran a concurso los de otras comunidades españolas. No quiero meter baza en temas políticos, pero como bien Rubin Stein, director de “Nerón”: estoy encantado de participar en el concurso de cortos internacionales, siendo como soy de Extremadura. Risas, por favor.

Este año el nivel técnico ha sido mayor que en otras ocasiones —me da que las nuevas posibilidades tecnológicas ayudan mucho en ese campo—, pero no tanto el concepto y la temática. Hemos echado de menos algún corto más orientado al terror puro y duro, y también el típico cortometraje muy cutre, echo con dos duros como quien dice, pero con el que te ríes mucho. Al final, te quedas con esos. Pues nada, todo bastante monótono, aunque muy correcto. Este año han sido diez los cortos a concurso y voy a hacer un repaso rápido. Supongo que muchos se podrán encontrar online en una u otra plataforma. Si os llaman la atención, buscadlos y disfrutad un rato, porque es un género que suele pasar un poco inadvertido y a veces esconde joyas.

1.- A father’s day (Mat Johns, Reino Unido): Efectos especiales sacados de The Walking Dead. En ese sentido, nada que decir, factura impecable. La historia más bien sosa y bastante predecible. ¿Qué pasaría si un zombie desarrollara afecto hacia otro, por decir una niña zombie, y se autoproclamara “su padre”?

2.- Driven (Johannes Bachman, Suiza): Una mujer, en un coche, en el bosque, de noche. Está asustada. Golpea algo con el coche. Huye, sin saber de qué. El miedo la arrastra. Me encantan las paradojas temporales, me pongo a darles vueltas y me acaba doliendo la cabeza. Esta en concreto no tiene demasiado sentido y juega más con la sensación de bucle espacio-temporal.

3.- Fucking Bunnies (Teemu Niukkanen, Filadelfia): Una secta sexual satánica se muda al piso de al lado de Raimo. Subtitulado —como todos, excepto los españoles/internacionales — del finlandés y creo que mal, porque algunas frases no tenían el más mínimo sentido. Un cortometraje con un punto de partida pero sin núcleo ni desenlace claros. Supongo que el más bizarro y gamberro de todos, pero tampoco ha sido para dar saltos de alegría.

4.- Humaine (Jean-Philippe Alix, Quentin Alix, Francia): Una carretera desierta. Un accidente. Una chica maniatada saliendo del maletero de un coche. Su agresor inmovil… Pero siempre vivo… Uno de los más estructurados y con una historia más clara, pero que ha intentado tocar demasiados temas al mismo tiempo, algo muy complicado para un cortometraje. Probablemente funcionaría mejor si se hubiera centrado en algo. El primero con cierta temática feminista —más bien centrado en los malos tratos a la mujer—, también contempla el alejamiento que experimentamos de la conciencia humana consciente por culpa de la invasión de las redes y la televisión, las relaciones de pareja a lo largo de la historia y cómo el concepto de amor se va deformando con el paso del tiempo.

5.- La voce (David Uloth, Canada): Edgar trabaja en un matadero. Adora la ópera y a Ginette, la stripper de sus sueños. Edgar está a punto de pedirle matrimonio cuando la encuentra en la cama con su jefe. Conmocionado, pierde su voz, y desgraciadamente se queda con la voz de un cerdo. Maravilloso. Es uno de los que más me ha gustado. No apto para veganos o defensores de los derechos de los animales que estén en contra de los métodos de matanza actuales —en especial, durante la escena post-créditos—. Me encanta la sensación de evasión que consigue el protagonista a través del arte, de la ópera en su caso, que le permite aislarse de todo lo malo que sucede a su alrededor. El final tal vez un poco manido. Yo es que soy de finales trágicos.

6.- Nerón (Rubin stein, España): El fuego lo destruye todo. Demasiado simple en mi opinión. Aunque es muy efectivo visualmente, se nota que han ido a por tomas y esquemas fáciles de grabar y eso baja el listón. La historia también me parece muy previsible, con dos soluciones posibles sin que, en realidad, ninguna de ellas sea interesante.

7.- Pussy (Renata GAsiorowska, Polonia): Una joven pasa la noche sola en casa. Decide tener una sesión de placer en solitario, pero todo no va sobre lo previsto. Mi favorito. El primero de animación de la lista. El segundo de temática feminista, ya que gira al cien por cien en torno a la masturbación femenina. El hecho de que sea mi favorito significa, pro supuesto, que no ganará. Me plantea la duda de si gustó tanto —o lo comprendieron de la misma forma— al sector masculino como al femenino entre los espectadores. A ratos sutil, a ratos poético, a ratos terriblemente obsceno y evidente. Una preciosidad.

8.- Save (Iván Sáinz-Pardo, Alemania): Amanece. Un bebé rompe el silencio. En este caso no sé si jugamos tanto con la ruptura espacio-temporal como con la locura de uno o varios de los protagonistas. Lo que sí os puedo decir es que el bebé no tiene culpa de nada, el pobrecito. Si, como quien dice, no le hacen ni caso.

9.- The App (Julián Merino, España): Benito es feliz gracias a la aplicación de móvil The App, pero… ¿y si la aplicación te dice que te suicides si quieres ser feliz? Vamos a ver: yo quiero un móvil transparente. Precioso. The App es una aplicación que te dice qué tienes que hacer en cada momento para lograr tener éxito. Si te dice que gires a la derecha, pues giras. Si te dice que repitas unas palabras en ruso, pues las repites —¿era ruso? no estoy seguro—. Si te dice que saltes desde tu ático de lujo… mejor prueba a llamar al servicio de atención al cliente. Aunque claro, quien llama al servicio de atención puede terminar deseando tirarse por un balcón. ¡Animo, Benito!

10.- The bald future (Paul Cabon, Francia): Ser un calvo apesta. Saber que te convertirás en uno es peor. El segundo de animación. Me llama la atención que suelen ser mis favoritos. La mayoría de los que he visto últimamente se caracterizan por un estilo tosco en lo visual, pero muy trabajado en el desarrollo. El listo al que se le ocurrió plantar subtítulos blancos sobre fondo claro tendrían que darle un anti premio. Creo que era el que tenía el guión más divertido, con una apuesta clara: ¿por qué los calvos son rechazados en la sociedad? ¿Por qué se suponen más malos, feos y fracasados? ¿Qué puedes hacer cuando te das cuenta de que todos los hombres de tu familia acaban calvos y tú, aún adolescente, es posible que sigas el mismo camino?

Y con esto termino una de estas entradas que no leerá casi nadie, pero que al menos a mí me servirá para acordarme de los cortos dentro de unos años.

Quiero opiniones: ¿habéis tenido la oportunidad de ver alguno de estos? ¿Y hay algún otro cortometraje que me recomendaríais (y que se pueda localizar)? ¿Es un género que os gusta o no os dice nada?

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