Adiós pequeña, adiós (2007)

Elijo yo. Le doy al botón de inicio.

—Esta película ya la hemos visto.

—La habrás visto tú. Yo no.

—Que sí, que la hemos visto, pero bueno, si quieres volver a verla, pues nada.

Acaba la película.

—Vale, igual tenías razón. A lo mejor ya la habíamos visto. Pero es de Affleck. Se puede ver dos veces. Hasta más si es necesario.

—Sí, eso sí.

A cambio de mi error he visto con él Commando. Os diré que con una vez basta (y sobra).

Gone Baby Gone, adiós pequeña adiós, acabo de salir del cine, poster

A dos detectives privados de Boston, Patrick Kenzie (Casey Affleck) y Angela Gennaro (Michelle Monaghan), los contrata una familia para que encuentren a una niña de cuatro años, hija de una drogadicta (Amy Ryan), que ha sido secuestrada en uno de los barrios más sórdidos de la ciudad. 

Comentábamos el otro día una amiga y yo que Roald Dahl debía ser un gran escritor, porque las adaptaciones de sus libros a la gran pantalla son brillantes en general —por ejemplo, la maravilla dirigida por Wes Anderson que es Fantastic Mr. Fox de la que pensaba que había escrito y resulta que no y me estoy cabreando por ello y mejor me lo apunto en la agenda para hacerlo en algún momento—. Bien, pues a Dennis Lehane le sucede tres cuartos de lo mismo. Las tres películas con guiones adaptados a partir de sus novelas son pequeñas joyas: Mistic River, dirigida por Clint Eastwood; Shutter Island, dirigida por Martin Scorsese; y la que nos ocupa hoy: Adiós pequeña, adiós (Gone baby, gone), la ópera prima como director de Ben Affleck. Al menos ópera prima en largometraje, porque catorce años antes dirigió un cortometraje con un título tan sugerente como “I Killed My Lesbian Wife, Hung Her on a Meat Hook, and Now I Have a Three-Picture Deal at Disney”. Tan grata le resultó a Affleck la experiencia, que el año pasado estrenó Vivir de noche, también a partir de una novela de Lehane, que cosechó unas no tan buenas críticas —¿la habéis visto? ¿merece la pena?—.

Adiós pequeña, adiós me parece la antítesis perfecta de una película que el año pasado me decepcionó muchísimo: Room. Mientras que aquella partía de un interesante análisis sobre la supervivencia para acabar cayendo en el reality más basto y lleno de podredumbre, la película de Affleck comienza no siendo más que un drama de sobremesa en su primer tercio, para poco a poco transformarse en algo más intenso, más profundo y que obligará al espectador a plantearse una cuestión muy inquietante: ¿qué es justo o injusto? ¿Es lo justo algo necesariamente bueno? Y, sobre todo, ¿qué haríamos nosotros enfrentados a la decisión final que toma Casey Affleck?

Como decía, el primer tercio es un culebrón de cuidado: una niña pequeña desaparece en un barrio de los suburbios con un nivel de pobreza bastante alto y buena parte de la población sumergida en el trapicheo de drogas o en crímenes de aún mayor envergadura. Ya de entrada nos enfrentamos a un clima social bélico, en un área que ha pasado de estar industrializada a caer en el olvido generalizado. Ahí están Casey Affleck y Michelle Monagham, una pareja que ha conseguido escapar de este caos montando una agencia de detectives: él —magnífico Affleck— es nervioso, agitado y salta a la mínima; ella ofrece un contrapunto más relajado, más sereno. Una relación que se antoja magnífica en pantalla, basada en una larga relación donde la costumbre ha sustituido la pasión. Una pareja bastante creíble, por así decirlo.

Además de la ambientación (hay momentos donde parece que estamos ante un documental, más que una película de ficción), el acierto de Aflleck es, de nuevo, apostar por un elenco muy fuerte de actores y actrices —magnífica Amy Ryan en el papel de madre drogadicta— y en la ausencia de trucos visuales para lograr la tensión, que se resuelve a fuerza de narrativa. También me ha  gustado mucho Ed Harris, en el papel de policía encargado de resolver el crimen y que, como sucede en muchos de sus papeles, esconde un lado oscuro, que se mueve más en el gradiente de grises de lo que querríamos admitir en un principio.

Adiós pequeña, adiós, continúa creciendo poco a poco, pasa de drama familiar a película policíaca, para terminar con un tinte filosófico incómodo y oscuro, que ensombrece un poco la moral del espectador.

Affleck es mejor director que actor, sin duda, aunque también tenga papeles magníficos (como el de Perdida, que acabo de darme cuenta de que es una película de la que tampoco he hablado y ya me voy con otro mosqueo mayúsculo).

¿Habéis visto esta película? ¿Os gustó? ¿Os removió un poco la conciencia? ¿Creéis que Affleck es un buen director? Tenéis los comentarios a vuestra disposición. 

 

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