Irrational man (2015)

A mi siempre me ha gustado Woody Allen. Me parece enternecedor, qué queréis que os diga. Es pequeñito, tiene esa cabeza desproporcionada que es objeto de burla por parte de todos los caricaturistas del planeta, una nariz de judío enorme de la que aún no sé si se burla porque está orgulloso de ella o porque la odia, y unas gafotas negras que serían el objetivo número uno de los matones de instituto.

Me gusta además porque en sus películas no hay truco, no hay efectos especiales —o casi—, todo se crea y se destruye a fuerza de diálogos, y eso tiene su mérito en una era donde la gente dice que una película es lo más de lo más sólo porque la Casa Blanca estalla por los aires. Otra vez.

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Abe Lucas, un profesor de filosofía en plena crisis existencial, tiene la sensación de que todo lo que ha intentado hacer, ya sea como activista político o profesor, no ha tenido la más mínima importancia. Al poco de llegar a la universidad de una pequeña ciudad donde va a impartir clase, Abe se relaciona con dos mujeres: Rita Richards, una solitaria profesora que busca que le rescate de su infeliz matrimonio; y Jill Pollard, su mejor estudiante, que termina por convertirse en su amiga más cercana. A pesar de que Jill está enamorada de su novio Roy, no puede evitar encontrar irresistible la personalidad artística y atormentada de Abe, así como su exótico pasado. Incluso cuando Abe deja señas de su desequilibrio mental, la fascinación de Jill no hace más que crecer.

La película empieza bien, aunque sin la acostumbrada música jazz de los créditos iniciales. No debemos preocuparnos, porque el jazz sigue ocupando su espacio en la película como si de un actor se tratara, un poco más repetitivo que en películas anteriores tal vez. Allen, en apenas diez minutos, nos pone en situación, nos da una descripción clara e intuitiva de los personajes y nos sumerge en esos mundos de clase media-burguesa que tanto le gustan, donde todo el mundo ha leído a Kant y es un experto en la música de mediados de los cincuenta. Lo normal en él, vamos. En esta ocasión lo de la filosofía está más justificado, porque el protagonista es, precisamente, profesor de universidad en esta materia.

A partir de ese momento, el ritmo se vuelve irregular. La película vuelve una y otra vez sobre sus pasos —los intentos frustrados de las dos mujeres por captar la  atención de Phoenix, el continuo regodeo de éste por sumirse en la apatía y en la miseria…—. Hasta que llega el desencadenante de la acción, la conversación espiada (¡qué cosa más fea eso de espiar conversaciones ajenas!), no hay nada demasiado interesante en el metraje.

Luego están los protagonistas. Compruebo con sorpresa que Stone tiene veintiséis años y Phoenix cuarenta. Eso es plausible con la trama, donde ella es estudiante de postgrado de una universidad, y él el profesor. Pero algo no encaja en las caracterizaciones. Es como si ambos tuvieran la misma edad —pongamos treinta y algo, por llegar a un acuerdo—, y se les hubiera a forzado a parecer menor y mayor, respectivamente. En el caso de Stone, la actriz con los ojos más grandes, se ha forzado su juventud a base de shorts, camisolas livianas —alguna hasta con flecos o borlas— y una melena omnipresente de un tono castaño cobrizo y bucles ondulados de la que sólo se libra en la última escena, señal aparente de que ha madurado y ha superado una fase o algo. Él, por su parte, luce unas canas muy artificiales, un aspecto algo desaseado y una redondez extrema, en especial en la barriga —¡Ay, no, qué barriga!— que casi se diría que estaba de seis meses. Ambos aspectos tienen algo de falso, de artificial, que restan credibilidad a su actuación. Phoenix, por otra parte, ofrece una actuación plana en un personaje cuyo estado de ánimo varía de la más profunda depresión a la excitación más enervante. Eso, es mi opinión, debería trasladarse de alguna forma a su actuación, pero va a ser que no. Tal vez en versión original su voz tenga más matices, no lo sé.

En resumen, es más de Allen. Si es un director que os gusta, podéis ir a verla, pero dista mucho de ser uno de sus mejores trabajos. Si no es un director que os emocione lo más mínimo, mi consejo sería que paséis a otra cosa, porque os va a dejar completamente indiferentes.

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4 comentarios en “Irrational man (2015)

    1. Debo ser la única persona en el mundo a la que le gustó (bastante, además) Vicky Cristina Barcelona. No sé si es porque la vi en versión original (no sé cómo se arreglaron en la versión doblada para que se diera ese contraste entre inglés-castellano tan fuerte). Cada vez que hablo con alguien de Allen, todos me dicen lo mismo que tú. Me da un poco de miedo volver a verla, a ver si vais a tener todos razón 😉

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  1. Conozco bastante gente a la que le encantó Vicky Cristina Barcelona… aunque soy del club de las que la odiaron.

    E “Irrational Man”, la odié todavía más, por varios motivos: la constante voz en off que explica toda la acción, incluso las cosas que estamos viendo simultáneamente en pantalla (un tic que comparte com “Vicky Cristina Barcelona”); los personajes me parecieron lo más cliché del cliché; los diálogos son pretenciosos y acartonados; la acción es, una vez más, una vuelta al tema dostoievskiano de “Match point” o de “Delitos y faltas” (¿puede alguien cometer un crimen y salir sin castigo y sin culpa?) pero sin añadir nada nuevo a la reflexión… El ritmo de la película, como tú dices, es irregular, por no decir que está mal medido: una hora y pico de lenta preparación hasta que se introduce el conflicto principal, y luego un desenlace apresurado y torpe.

    Y después hay un tema que a lo mejor soy yo, pero si veo una película protagonizada por hombres y mujeres blancos de clase alta que hacen hípica, leen a Foucault y conviven en un paraíso cerrado de lujo y sofisticación, y que van de que sufren mogollón por la vida, la verdad, me resulta bastante difícil sentirme identificado.

    Todavía confío en que Woody Allen nos deje alguna gran película, pero algunas de las últimas me perecen verdaderos truños…

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    1. Yo creo que Allen está atascado en cuanto a temática desde hace bastante. Da vueltas y vueltas y ha perdido también parte de ese equilibrio drama-humor que le hacía tan especial. Lo de la clase media-alta… difícil solución le veo. Es el medio en el que se mueve él y donde se siente cómodo. En Blue Jasmine trata de acercarse a una clase media-baja y le quedó un poco caricaturizado.
      Gracias por comentar, Santi 😀

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