The end of the tour (2015)

David Foster Wallace, escritor norteamericano que revolucionó (no necesariamente en el buen sentido) el mundo literario con su obra culmen, La broma infinita, ha tenido desde siempre una capacidad increíble para dividir al personal en dos bandos: los que le aman y los que le odian.

Yo estoy en el primero.

Leerle es agotador, no nos engañemos. El nivel de precisión en el uso de la palabra, la capacidad de elaborar descripciones eternas hasta de los aspectos más rutinarios de la vida puede poner de los nervios a más de uno, pero si tienes un punto de persistencia, todo lo que se esconde detrás de la forma te deja clavado frente a sus páginas.

¿Soy o no soy fan? ¿Se nota?

the end of the tour, acabo de salir del cine, poster

La película se centra en la historia de la entrevista de cinco días entre el reportero de la revista Rolling Stone David Lipsky y el aclamado novelista David Foster Wallace, que tuvo lugar justo después de que se publicara la novela épica y revolucionaria de Wallace en 1996: “La broma infinita”

No he tenido la suerte –aún— de leer la biografía de David Lipsky sobre DFW y tampoco he localizado el artículo que publicó en la Rolling Stone —sí una entrevista que se hizo más tarde al entrevistador, cosa que suena un poco rebuscada, y que podéis leer en inglés aquí—. Sí he leído la biografía de DT Max, de la que escribí una reseña en mi otro blog —tengo dos blogs, el otro es serio, no como este 😉 —. De hecho, desde que descubrí al autor el año pasado, he leído un montón de libros suyos. Me he sobresaturado, casi. Pero La broma infinita… bueno, sigue en la mesilla. Mil y pico páginas, entendedme.

Así que, cuando me enteré de que se iba a estrenar The end of the tour ahí que fui, de cabeza, a la taquilla del cine. Hasta que descubrí que en mi ciudad no se iba a estrenar. Cabreo mayúsculo.

Menos mal que existen los DVD y estas cosas.

Voy a empezar por lo más importante, y luego ya decidís si queréis seguir leyendo: Si no os gusta David Foster Wallace, todos y cada uno de los ciento cinco minutos que dura esta película os van a parecer, con mucha probabilidad, un enorme y soberano aburrimiento. Si os gusta… bueno, pues entonces vais a disfrutar muchísimo.

Porque si algo han conseguido con creces, es trasladar las neuras, los problemas y la genialidad del escritor y reflejar, con muchísima claridad, todos los temas que le preocupaban, en especial los usos y costumbres de la sociedad norteamericana, aferrada a la comida rápida y a la televisión. Y, aunque yo no daba un duro por Jason Segel, todo sea dicho —no soporto HIMYM—, da el pego en el papel de un escritor que entra y sale de una crisis tras otra, que se debate entre obtener la fama que cree merecer por su obra y al mismo tiempo sentirse un vendido, un escritor comercial farsante al que sólo quieren porque “está de moda”.

Frente a él, Jesse Eisenberg, un escritor metido a reportero de la Rolling Stone por falta de éxitos literarios, que no puede ocultar los celos que le inspira DFW pero que, poco a poco, según pasa más tiempo con él, va viendo un lado oscuro que ya no le gusta tanto. El contraste es genial: mientras que Wallace aparenta una tranquilidad que nada tiene que ver con las turbulencias de su mente, Lipksy es un manojo de nervios que, sin embargo, goza de una situación emocional bastante estable o, al menos, en la media.

Tal vez el problema sea la falta más absoluta de acción. Wallace acepta ser entrevistado durante los últimos días de la gira de promoción del libro, y Lipsky se presenta ahí, grabadora en mano —me encanta el póster de la película, por cierto— dispuesto a entrar en la mente del escritor y descubrir todo lo que ahí se oculta. ¿Todo? No, porque deja para el final una cuestión que es clave en la historia de Wallace —y en su temprano suicidio—: su adicción a las drogas y a los medicamentos. No hay lector de Wallace que no conozca su capacidad para listar, con precisión médica, calmantes y tranquilizantes y sus dosificaciones. Y, sin embargo, a pesar de que es un tema que vela sobre todo el metraje, en parte debido a la presión de los editores de la Rolling Stone por explotar el morbo de ese aspecto, se salva con un pequeño grito al final.

El ritmo es monótono, más cercano a un ensayo o artículo que a un reportaje audiovisual, pero por él se van deslizando temas interesantes: la creación artística, el reconocimiento, la fama, la complejidad de las relaciones humanas, la deriva de la sociedad estadounidense… Es una película intimista, de poco desarrollo, una semilla que no creo que logre germinar el interés en los ajenos a la obra del escritor.

Pero yo me lo he pasado muy bien, que conste.

¿Conocías al autor? ¿Has tenido la oportunidad de ver esta película? ¿qué te ha parecido? Tienes los comentarios a tu disposición. 

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